En Japón los niños son super obedientes. ¿A qué se debe?

     2 weeks ago
26
Leave a Comment
21 SHARE

“La educación comienza en casa”. ¿Cuántas veces escuchamos esta frase? Y bien sabemos que no pasa de moda, porque la primera educación que recibimos es la que se nos da dentro de nuestras casas y con nuestras familias.

¿Cuántos de nosotros conocemos personas con tantos títulos que ya no les alcanzan las paredes para colgarlos y sin embargo podemos decir que son maleducados? Porque la educación de las buenas maneras, del respeto y del saber comportarse no tiene nada que ver con los libros.

Pero aunque la educación de base comienza en casa, no es extraño encontrar niños haciendo berrinches en la calle hasta conseguir que les den lo que quieren. Poco importa dónde estén; lloran, gritan, se tiran al piso y recurren a todo tipo de chantaje para avergonzar a sus padres y de esta manera, lograr su objetivo.

Hasta hace unos años, los padres reprendían a los niños físicamente, pero con el correr del tiempo, y con los cambios que ha habido en la sociedad se determinó que este tipo de “correctivos” no son el mejor método para educar, ni es la mejor forma de tratar a nadie, mucho menos a un niño.

Hoy en día, muchos psicólogos escribieron libros en los cuales establecen las formas indicadas de reprender a los niños y que no son nada más, ni nada menos que las explicaciones.

Pero vemos con asombro que el mejor método para educar a los niños, es el método japonés.

Japón es considerado como una de las grandes potencias mundiales y esto se debe en gran parte a la disciplina y a la mentalidad particular de sus habitantes.

Los japoneses creen en el concepto de la excelencia y tienen baja tolerancia al fracaso de sus hijos y mucha menos aún, a los actos de desobediencia.

De esta manera, lograron una perfección en la educación de sus hijos a través de diferentes métodos muy distintos de los que usamos o hemos usado nosotros.

Una parte de la educación japonesa se basa en la relación íntima que la madre crea con su hijo desde el momento en que nace. Este lazo se hará más fuerte durante la infancia. Son los padres quienes establecen las tareas y las responsabilidades (vestirse, lavarse, poner la mesa, etc) desde la primera infancia, hasta la adolescencia. Esta atribución de cosas para hacer contribuye a reforzar el vínculo y el respeto de los niños hacia sus padres.

Son las madres quienes determinan el desarrollo de sus hijos supervisando la educación que recibirán, al igual que sus pasatiempos o la elección de sus juguetes. Ellas tienen una misión muy compleja, porque cargan con las decisiones a tomar en relación a los hijos y nunca se separan de ellos, al punto de que las niñeras no están bien vistas en Japón, al igual que dejar a los niños al cuidado de otras personas para que papá y mamá salgan a cenar, al cine o se tomen un fin de semana para ellos.

La base de la educación es la sensibilidad.

La mayoría de las familias japonesas comprende la educación como una práctica de afectos. Los gritos y los retos no son aceptados. Los padres esperan que sus hijos mantengan una relación respetuosa con el mundo y tomen siempre en cuenta los sentimientos de los demás.

Por regla general, cuando un niño hace algo malo, sus padres reprueban lo que han hecho con una simple mirada o con un gesto de descontento. Con estas actitudes, transmiten la idea de que lo que han hecho es inaceptable. Con frecuencia se utilizan frases como “le has hecho daño” o “te has hecho daño a ti mismo” para destacar el hecho de que se han comportado de manera negativa y que este comportamiento genera sufrimiento en los demás y en ellos mismos.

De la misma manera, se aplican estos conceptos en los objetos, y si un niño rompe su juguete es probable que escuche la frase “le hiciste daño”, en lugar de “lo rompiste”. Los japoneses ponen especial énfasis en el valor de las cosas, más que en su funcionalidad. Todo esto da como resultado, niños que desde la más temprana edad, se vuelven sensibles al mundo que los rodea y aprenden rápidamente el concepto de respeto.

El gran secreto: Tiempo de calidad.

Todos los elementos que acabamos de nombrar son importantes, pero de nada valdrían sin el secreto más importante de los japoneses en lo que se refiere a la educación de sus hijos: Pasar tiempo de calidad con ellos.

Los japoneses no conciben la educación como algo distante, sino todo lo contrario. Establecer lazos estrechos con sus hijos es algo muy importante para ellos.

No es frecuente que los padres envíen a sus hijos a la escuela antes de los 3 años y es común ver a las madres cargando a sus niños en todas las posiciones posibles e imaginables, porque están convencidos de que este contacto físico permite generar lazos muy profundos.

La proximidad de la piel, es también la del alma y es por esto que los padres japoneses se sienten tan cercanos a sus hijos tanto en lo físico, como en lo espiritual.

Esta conexión entre padres e hijos se mantiene cuando estos se convierten a su vez en padres y los padres, abuelos. Las familias se reúnen para conversar, comer juntos y contarse todo lo que les haya sucedido en el día. Esto es muy habitual entre ellos y las historias suelen contarse cientos de veces con el objetivo de generar un sentimiento de pertenencia y de identidad entre los más jóvenes, además de darle valor a la palabra de cada uno de ellos, en especial de los adultos mayores que son considerados sabios, y aprender a disfrutar de la compañía de los integrantes de la familia.

Todo esto, da como resultado que los niños sean menos caprichosos que los niños occidentales. Viven en un ambiente en donde nunca se sienten solos dado que sus madres pasan mucho tiempo con ellos generando tranquilidad, seguridad y haciéndoles comprender que los cambios de humor no son necesarios.

21 SHARE

Post Comments