¿En que nos afecta no haber sido amados de pequeños?

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Cuesta pensar que alguien no pueda querer a sus propios hijos, pero la realidad que vemos a diario en todas partes del mundo, nos enfrenta a esta situación cruel que deben vivir tantos niños.

Mientras muchos nos desvivimos por darles a nuestros hijos todo el amor y la contención que necesitan y los colmamos de besos y cariño, otros nunca tienen una palabra amable, un reconocimiento o un gesto tierno.

¡Qué actitud tan mezquina!

Aunque los motivos por los cuales estos padres desaprensivos actúan de esta manera, pueden ser muchos y variados, nos vamos a concentrar en las repercusiones que tiene en la vida de una persona, el hecho de no haber sido un niño querido.

Cuando las necesidades de afecto de un niño no se ven satisfechas durante la infancia, su desarrollo y su personalidad se ven afectadas de manera significativa. Si bien es cierto que la vivencia de cada uno es diferente de otras, un niño que tiene padres emocionalmente ausentes y desaprensivos, que no le prestan atención, tendrá un impacto en su desarrollo. Sin embargo, podemos determinar algunas características de su personalidad que pueden darse una vez que llegan a adultos.

Existen 6 signos claros que demuestran que una persona no ha sido amada cuando era niño y a las cuales debemos prestarles atención.

1) Falta de apego.

Los padres cariñosos y atentos, crían niños que se sienten comprendidos y apoyados. Les brindan de esta manera, las bases para que en el futuro, puedan mantener relaciones estables y duraderas, haciendo que comprendan que el mundo es un lugar de exploración, en donde relacionarnos con otros es lo principal.

Un niño que tiene padres insatisfechos, comprende que las relaciones son precarias y débiles y que, al relacionarse con otros, nada está garantizado.

Crece en un estado permanente de ansiedad, ávido de relacionarse, pero siempre con la idea de que el otro en algún momento lo abandonará.

Estas personas terminan sufriendo graves problemas de apego hacia los demás. En efecto, los niños que no disfrutaron de la seguridad que da el amor, no logran desarrollar las habilidades necesarias para construir relaciones sanas.

2) Falta de confianza.

Las personas que no fueron amadas en la infancia, es muy probable que tengan graves problemas de confianza una vez que lleguen a adultos. La falta de amor, los vuelve desconfiados. Esta clase de personas non saben que son merecedoras de amor y de atenciones, en función de la carencia que vivieron durante la infancia.

3) Relaciones tóxicas.

Quienes no fueron amados de niños, se encuentran a menudo inmersos en relaciones dañinas una vez que llegan a adultos. Esto se evidencia en “lazos obcecados” que establecen con otros adultos. Es decir, empeñarse en mantener una relación inconveniente con alguien que les preste un mínimo de atención.

Hasta que no logren reconocer la forma en que han sido heridos durante la infancia, es probable que continúen recreando la atmósfera emocional en la que vivieron con sus padres, mientras fueron niños.

4) Incapacidad de establecer límites.

Unos padres atentos, establecen límites y explican a sus hijos que hay una frontera que no deben atravesar y que existe un margen en el que podemos movernos en lo que se refiere a nuestras relaciones más estrechas.

Quienes no recibieron amor en la infancia, no saben dónde ubicar los límites. Estas personas terminan por volverse personas que quieren agradar a todo el mundo, y entonces hacen todo lo posible para mantener intacta la relación, lo que significa, que los límites no existen para quienes no recibieron cariño.

5) Falta de confianza en los demás.

Para confiar en los otros, debemos creer que el mundo es esencialmente un lugar seguro y en el que las personas son bienintencionadas, aunque a menudo, imperfectas.

Con padres limitados desde lo emocional y sumamente críticos, los niños aprenden que las relaciones son inestables y peligrosas, que la confianza es efímera y que no se puede contar con los demás. Los niños que no fueron amados, tienen dificultades en confiar en todas las relaciones, pero en especial, en la amistad.

Las personas que carecen de amor en la infancia con frecuencia se vuelven sofocantes y el impacto sobre su salud mental es enorme, conduciendo generalmente a problemas de confianza hacia los demás.

6) Falta de evolución.

Un niño comprende lo que siente a través de la interacción con sus padres. Los gestos y las palabras de sus padres ayudan al bebé a calmarse cuando está estresado o se siente mal. Luego, los padres jugarán un rol clave al ayudar a sus hijos a verbalizar sus sentimientos, a nombrarlos y a aprender a controlar sus miedos y sus emociones negativas.

Las personas privadas de amor durante la infancia, enfrentan problemas de desarrollo físico, emocional y mental. En algunos casos, estas personas están intelectualmente disminuidas e incluso puede verse afectado su crecimiento físico, cuando no recibieron de niños el amor que todo ser humano merece.

Más allá de todo lo que podamos contar y explicar y analizar, la falta de amor siempre tendrá consecuencias negativas en una persona.

¿Recuerdan el caso de los bebés huérfanos que morían a pesar de recibir alimentación? Finalmente se descubrió que la falta de contacto físico y el sentir que no eran queridos por nadie, los llevaba a la muerte irremediable. El desamor puede matar.

Los que han pasado por esta situación horrible, hoy pueden mirar hacia atrás y proponerse un cambio radical en sus vidas.

Siempre se puede volver a empezar y reconstruir una vida.

Y lo más importante; hagamos saber a nuestros hijos todo lo que los queremos. Que nos escuchen decirles “te amo” y que les hagamos saber que nos importan, termina siendo una cuestión de supervivencia.

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